Archivos Sistémica: Octubre 2008

Los bordes de la violencia y el amor?

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Imagen1.jpg Hoy en Exposistémica hablé sobre esto... Dicen que cuando hay amor, al menos funcionan dos elementos que lo constituyen y que se necesitan: el RECONOCIMIENTO que permite descubrir al otro y captar su singularidad y la VALORACIÓN, la cual posibilita apreciar las cualidades del elegido como pareja. Como supuesta contracara, del lado de la violencia, se encuentra la DESCONFIRMACIÓN, que ignora la presencia de ese otro, excluyéndolo activamente y diciéndole “existís sólo de este modo, manejable a conveniencia y como objeto” de mi amor violento, podría decirse; y la DESCALIFICACIÓN que niega la valoración del compañero y salvaguarda las características de quien utiliza la violencia. Ahora, si en vez de reconocimiento y valoración, se obtiene maltrato, pregunto, por qué continuar la relación? por qué construir una realidad relacional con la violencia? cómo surge la violencia conyugal? por qué convive un maltratado con un abusador y un abusador con el receptor de su agresión? Cómo es que aquellos que sufren los niveles más graves de violencia en la relación, son los que más desean irse de ella y, paradójicamente, son los que menos lo hacen? Me parece que el amor y la violencia no siempre se oponen, pueden ir juntos. En este caso, prevalece aquí, un estilo de violencia-castigo, donde hay una relación complementaria y el maltrato es unidireccional. En diversas investigaciones realizadas, dentro de las explicaciones dadas por pacientes para justificar la convivencia en esas condiciones, el porcentaje mayor lo lleva el MIEDO. El miedo en relación a distintos factores: económicos, culturales, temor por las represalias, por los chicos, además de las cuestiones emocionales enlazadas al miedo a la soledad, miedo al cambio propio o la esperanza de cambio de la pareja que abusa; y lo más importante, se quedan en la relación por AMOR y no denuncian el maltrato por AMOR. Entonces, los que juegan a la violencia, aceptan y pactan una interacción en la cual la violencia está legitimada, crean esa ley que excluye a la ley general. Los participantes, se ubican en distintas posiciones, la posición del abusador o la del receptor del maltrato. Nombro así, para salir de una concepción lineal que leería victima- victimario, culpable-inocente o bueno-malo. Ojo, teniendo en cuenta también, que hay otro involucrado que es el sistema, el ambiente, que actúa como cómplice por ser pasivo o indiferente al tema. De este modo los integrantes del sistema, de la pareja, pactan construir un patrón circular interactivo que sostiene el ciclo de la violencia. El que se deja abusar, se autoexcluye, se vuelve un objeto de maltrato y lo acepta, cae en la trampa relacional donde la violencia aparece como una necesidad para mantener el equilibrio entre ellos. En una pareja en la cual se desarrolla una cultura del abuso, se produce lo que Leonor Walker llama, “síndrome de indefensión aprendida”, por el cual la persona está dispuesta a escuchar argumentos que la descalifican y a asumir culpas. El que juega al abusador utiliza la violencia en la relación para imponer creencias y representaciones del mundo, desarrolla interés en el dominio.

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Jacqueline Altamirano y publicada el Noviembre 15, 2008 2:02 PM.

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