
Los psicólogos (y otros profesionales también) nos agarramos fuerte del DSM IV para diagnosticar a las personas que vienen a consultarnos (especialmente cuando lo piden las obras sociales); se cree que con algún rótulo o etiqueta clasificatoria sabremos con certeza como es el sujeto en cuestión y como continuar el tratamiento para que sea efectivo.
Recordamos que las palabras pueden fijar y prescribir la realidad construyéndola como tramposa y engañosa?
