El dolor crónico es pensado como una manifestación compleja que deriva de la interacción de mecanismos sensoriales, cognitivos y afectivos. Es por eso que su tratamiento se realiza con un modelo biopsicosocial, de manera interdisciplinaria entre médicos y terapeutas.
El paciente que padece algún tipo de enfermedad y tiene dolor crónico no es una persona con alteraciones psicológicas o psicopatológicas, sino una persona que, por la cronicidad de su dolor, desarrolla ciertas dificultades a nivel psicológico.
El dolor suele dar un gran golpe sobre la personalidad del paciente y sobre su entorno, lamentablemente, favorece la incapacidad, el incremento del dolor y afecta el nivel de actividad cotidiana.
En este círculo vicioso surgen la ansiedad, el miedo y el síndrome depresivo, potenciando, junto con el dolor, cierto deterioro cognitivo, especialmente en personas de avanzada edad.
De este modo, el paciente, es derivado a psicoterapia con el objetivo de aprender a convivir de la mejor manera posible con el dolor; si bien es imposible la “curación” se puede trabajar en la adaptación y en una mejor calidad de vida.
