Algunos niños tienen noches terroríficas… (adultos también) se despiertan llorando, gritando, con angustia, sudoración y taquicardia.
Cuando los padres recurrimos a sus gritos, a pesar de estar sobresaltados, parecen dormidos con los ojos abiertos y no reconocen el lugar donde están.
Estos terrores nocturnos, con pesadillas vívidas y angustiantes, suelen producirse con alta frecuencia y en forma repetida durante la noche; tienen las siguientes características:
• Intensidad y agitación corporal
• Tensión muscular, taquicardia y sudoración
• Se olvida el sueño que ocasionó el terror o se recuerdan pocos fragmentos
• Aparecen en la primera mitad de la noche
• Se repiten durante la noche
• El despertar brusco no evita el dormirse de nuevo rápidamente
• En la mañana el cuerpo se encuentra dolorido y cansado
No hay que confundirlos con las pesadillas, éstas ocurren al final de la noche, pueden recordarse con detalle y su sobresalto no es terrorífico.
Si bien el origen de los terrores nocturnos no es conocido, el factor personal es importante. Hay que observar que está pasando con ese niño y descartar trastornos psíquicos como depresiones o el estrés inclusive. En la base para que surjan, podemos encontrar ansiedad, inseguridad y dificultad para sobrellevar cambios o recomponerse ante situaciones límites.
¿Qué ayuda a superar estos terrores?: la contención familiar, las técnicas de relajación, el ejercicio físico y, por supuesto, el trabajo terapéutico.
