Podemos tener momentos de felicidad gracias a que aprendemos a enfrentar y resolver los problemas que el mundo nos depara a lo largo de nuestro desarrollo.
Es imposible vivir en mundo rosa que no tenga adversidades o reveses; necesitamos de experiencias diferentes para percibir y procesar los acontecimientos internos y externos y, porque atravesamos frustraciones, podemos manejarnos como adultos en el mundo real soportando contratiempos y capitalizando sentimientos y pensamientos.
La palabra resiliencia viene del latín resilio y significa volver atrás, volver de un salto, rebotar.
Como concepto nuevo para la psicología fue acuñado por Michael Rutter, quien la pensaba como “flexibilidad social” y adaptativa, inspirándose en la definición de la ingeniería: cantidad de energía que puede devolver un material elástico sin absorberla.
En definitiva, la resiliencia muestra la habilidad para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y transformar significativamente las experiencias en interacción con el ambiente. Vencer los obstáculos de la vida y aprender a superar nuevos es lo que nos hace felices y resilientes. De esta forma, se ve el grado de tolerancia a la presión que tenemos y la tenacidad para fortalecernos a pesar de los escollos.
Podemos ampliar nuestra capacidad en el interjuego dinámico de protegernos, equilibrarnos frente a la tensión, aceptando el desafío y la responsabilidad de lo que construimos; ¿cómo?
• valorándonos, con autoestima y autorespeto
• teniendo una actitud positiva frente a la vida, viendo el vaso medio lleno en vez de medio
vacío
• permitiéndonos disfrutar
• pensando antes de actuar
• siendo flexibles, buscando soluciones creativas
• pidiendo ayuda
• actuando de manera proactiva y no solo reactiva ante las situaciones que vivimos
Si, se puede...
