Archivos Psicología: Marzo 2009

El maltrato invisible

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El maltrato invisible

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La violencia intrafamiliar es una realidad que afecta la vida de algunas parejas y de sus hijos y que crece en estadísticas. Por investigaciones y artículos difundidos por los medios de comunicación, sabemos que las primeras víctimas son las mujeres y luego los niños. Sin embargo, solemos mencionar poco la violencia hacia el hombre ejercida por su mujer.
Aunque esta problemática existe y la vemos cada vez más seguido en nuestra Fundación, suele minimizarse y ridiculizarse; inclusive, no genera vasta bibliografía en el ámbito psicológico y sociocultural, lo cual nos permite cuestionar:
Por qué no contamos con estadísticas al respecto?
Por qué el hombre no denuncia el maltrato y la violencia doméstica?
El varón no denuncia las agresiones y vivencia el maltrato –invisible para la sociedad- en forma solitaria y secreta por vergüenza, porque recibe una actitud burlona de sus amigos y porque no le creen lo denigran en las comisarías; en definitiva y aunque suene obvio, todavía vivimos en una sociedad machista.
Esta sociedad repleta de mitos en cuanto a los roles y con estereotipos rígidos en relación a lo que se espera de un hombre, visualiza al varón maltratado como una persona pasiva, débil y vulnerable ante su esposa.
A los hombres, en general, les cuesta expresar o poner en palabras lo que sienten (posiblemente la cultura los entrena para eso también), suelen ocupar un lugar de todopoderosos y evitan que afloren miedos, debilidades o sentimientos relacionados con la vergüenza, la tristeza, la inseguridad y la incertidumbre.
Cuando las parejas llegan a la violencia física, es sólo la punta del iceberg, debajo, como red sólida, se encuentra el maltrato psicológico plagado de insultos, descalificaciones, desatenciones, indiferencia, reclamos sexuales y monetarios que degradan la masculinidad del hombre en situación de violencia doméstica.
La violencia intrafamiliar se caracteriza por la toma de posiciones, por crear un pacto víctima victimario y, claramente, ese rol de víctima puede ser desarrollado por un niño, un adulto o un anciano sin importar si es hombre o mujer.
Las mujeres también pueden actuar como victimarias: insultando, estando desalineadas, realizando denuncias falsas para favorecer el divorcio, abusando de los bienes materiales, amenazando con llevarse a los hijos, auto infligiéndose daños corporales, chantajeando, siendo violenta verbal o físicamente; en síntesis, puede maltratar exactamente igual que un hombre (…peor también?).
En gran Bretaña y Estados Unidos, la estadística va en aumento y tienen organizaciones para trabajar con el tema. España posee una asociación de hombres maltratados y Holanda cuenta con un refugio para estos varones.
En Argentina aún no hay muestras de preocupación al respecto. Si logramos liberarnos del prejuicio que indica que los hombres no pueden ser abusados o golpeados, podremos pensar el problema y generar estrategias de solución, creando otra realidad posible.

Mi hermanito de la luna

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Sin rótulos ni etiquetas se puede comprender y empatizar. Es imperdible este video publicado por Fundacion Orange. En él, puede escucharse a una niña describir a su hermanito, sin mencionar que es autista.

El autismo pertenece al grupo de los trastornos del desarrollo y es más común en varones que en mujeres. Como características principales, presenta dificultades en la comunicación (verbal como no verbal), intereses limitados, estereotipados e inusuales y escasa interacción social.
Los niños con autismo, desde muy chiquitos, son indiferentes y responden poco o nada al estímulo que le ofrecen las personas; parecen replegarse en sí mismos y tienden a concentrarse obsesivamente en ciertos objetos. No logran empatía y sus habilidades sociales son nulas o restringidas, no comprenden códigos. Evitan el contacto visual y no responden a su nombre. Además, comienzan a hablar más tarde, no dicen “yo” y no saben jugar con otros chicos.
Suelen tener comportamientos repetitivos y destructivos como aletear sus brazos, hamacarse o lastimarse. Son sensibles, más bien susceptibles, al ruido o al tacto.
Los criterios para realizar el diagnóstico son:
• Juego creativo y social nulo o limitado
• Escasa habilidad para entablar vínculos con los pares
• Habilidad limitada para iniciar o mantener una conversación
• Lenguaje estereotipado, repetitivo o bizarro
• Intereses restringidos
• Inflexibilidad y apego a rutinas específicas
• Preocupación por los objetos

El tratamiento incluye medicación y terapia conductual orientada a intervenir sobre los síntomas específicos; se utilizan técnicas de modificación de la conducta.

Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Jacqueline Altamirano y publicada el Marzo 1, 2010 9:56 AM.

La quimica del amor es la entrada anterior en este blog.

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