Cada vez más escuchamos acerca de familias compuestas por padres del mismo sexo, ya no es noticia. La creencia popular es que ese tipo de familia puede ser nociva o disfuncional para el desarrollo cognitivo, emocional y social de los chicos. Si es noticia pensar: los homosexuales pueden criar a sus hijos, el tipo de estructura familiar no altera el producto.
Mejor dicho, los vínculos son funcionales gracias a la comunicación abierta, asertiva y a las interacciones producidas entre los integrantes.
Hay familias de gays y lesbianas que han sido estudiadas en Europa y Estados Unidos; los investigadores han concluido que el sexo de los padres no influye en la posterior identidad sexual de los hijos, lo importante tiene que ver con el ejercicio del rol materno-paterno y femenino-masculino.
Que la familia pueda ofrecer un clima favorable, basado en el diálogo y que permita experimentar en los hijos una imagen positiva de sí mismos y que valore el ambiente, es esencial.
Los chicos no evidencian problemas de ningún tipo por la estructura familiar de la que provengan, sea heterosexual, homosexual, tipo o monoparental; más bien las dificultades surgen cuando el intercambio relacional presenta disfunciones.
Los chicos, naturalmente se adaptan pero, cuando empiezan la escolaridad deben enfrentar los prejuicios impuestos en otros niños gracias a los adultos responsables.
La sociedad necesita aprender a tolerar la diversidad, las diferencias enriquecen.

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