La violencia familiar implica actos de maltrato físico y emocional producidos dentro del hogar por parte de un agresor conocido por la familia. La violencia doméstica no distingue culturas, nivel socio-económico, religión, edad o género. Todas las víctimas tienen en común sentimientos de culpa, aislamiento, temor, vergüenza e impotencia.
Los actos de violencia siempre se repiten, no paran; es necesario pedir ayuda.
En este caso, vemos un video de maltrato a la mujer pero tengamos conciencia, también los hombres son maltratados por sus mujeres y los padres por sus hijos.
Hay un ciclo de la violencia, con el cual la pareja va pasando por fases. Inicialmente hay tensión gracias a las discusiones o un silencio plagado de hostilidad. Posteriormente, comienzan las agresiones, insultos o el abuso físico, sexual y psicológico. Al final, aparece la calma y tranquilidad: el victimario pide perdón, promete que no ocurrirá otra vez y la víctima se lo cree, se convence diciendo que él se equivocó, que está nervioso y que no pasará nuevamente. Sin embargo, al poco tiempo, acumulan tensión otra vez y vuelve la violencia.
La demostración de poder incluye todos los ámbitos; el esposo ejerce un control excesivo que asfixia y, literalmente, puede matar. Control sobre los económico, las amistades, las salidas, la vestimenta, son algunos de ellos. Lo que al principio se ve como celos, interés y halaga, luego se convierte en terror y sumisión.

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