Hoy se sabe que la calidad de vida de aquellos que padecen Trastorno Bipolar mejora con la medicación correspondiente al caso y un espacio terapéutico.
Desde hace un tiempo algunos especialistas comentan que este trastorno no comienza solo en la adolescencia, sino que también puede desarrollarse en la niñez.
Estudios realizados en el exterior afirman que los síntomas no son los clásicos y que, generalmente, los chicos se tornan depresivos. Manifiestan irritabilidad, insomnio y problemas de conducta en la escuela; se muestran disconformes, difíciles en el trato e impulsivos.
El tratamiento implica una articulación interdisciplinaria entre medicación, terapia y psicoeducación. Es fundamental el trabajo con la familia, ya que ellos son los que diariamente conviven con el niño y son los más importantes a la hora de brindar aportes (historia, interacciones, sentimientos) para generar un dispositivo de red que lleve a una mejor calidad de vida.

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