El libro negro del psicoanálisis: vivir, pensar y estar mejor sin Freud, Catherine Meyer (dir.) - 1ª ed. - Buenos Aires: Sudamericana, 2007.
656p.; 24x17 cm (Ensayo)
Trad.: Sergio Javier Di Nucci
ISBN 950-07-2796-9
Se editó en París en la segunda mitad del 2005 y ocasionó gran turbulencia en los ámbitos "psi" porque intenta sembrar la idea de fiasco de la teoría freudiana. Por supuesto, los "divanistas", consideran a este libro como pro terapias breves/ psicofármacos y solo interpretan de "resistentes" a aquellos que quieren pensar un poco más el cuerpo teórico y sus alcances clínicos.
La obra está realizada con un enfoque interdisciplinario, participan de un análisis crítico e irónico diferentes psicólogos, psiquiatras, historiadores, epistemólogos y filósofos. Comienza así:
"Francia es, con la Argentina, el país más freudiano del mundo. En nuestros dos países es comúnmente aceptado que todos los lapsus son reveladores, que los sueños develan deseos inconfesables y que un terapeuta es forzosamente un psicoanalista. (...) En el resto del planeta, desde hace 30 años, la autoridad del psicoanálisis se ha reducido en forma dramática. (...) ¿Francia y la Argentina serán las únicas en tener razón, contra el resto del mundo?".
Pregunto, se tratará de quién tiene razón? o qué sirve y qué no? o es mejor pensar que la dificultad no está en las teorías sino en quienes las ejercen...sin olvidar cómo, obviamente.
Es claro, como diría un Horacio que ya no está, que los psicoanalistas tienen una posición dominante en la salud mental y que casi todos los alumnos salen de las universidades de psicología con un estado de "fascinación" por la teoría; es más, la mayor parte de las materias son psicoanalíticas y hay muy poco sobre otros modos de abordaje.
Posiblemente, esta fascinación está relacionada, entre tantas otras variables, con "la táctica de la jerga incomprensible" que describe Jacques Van Rillaer, Profesor de Psicología de la Universidad de Louvain-la-Neuve en Bélgica. El lenguaje difícil convierte la teoría en una doctrina irrefutable, mistificable, fuente de satisfacción narcisista y de saber (inalcanzable por cierto). Ese lenguaje enigmático genera curiosidad y lo único que queda por hacer es codificarlo, otorgarle algún sentido o decir "si, entendí todas las fórmulas lacaniananas", dándole lugar al silencio.
Y ahí, donde se silencian las ideas y preguntas, los psicoanalistas, tal vez algunos psicoanalistas, olvidan el vínculo con quien está consultando, olvidan que no hay objetividad posible y que el espacio terapéutico se construye de a dos y no, devolviendo el fardo a los pacientes con preguntas como ¿a usted que le parece?.

No me parece serio el libro, no entiendo tal ataque, me parece un montón de gente queriendo vender libros, porque no hacen una critica constructiva, porque no se proponen superar al maestro vienes.
Me parece un ataque comercial como estamos acostumbrados en un capitalismo feroz donde no se respeta a nadie, donde hay un mercado de psicofármacos que ofrece una solución rápida en tiempos capitalistas, y termina medicando algo natural como un duelo.
En realidad, más allá del fin comercial del libro (a mi criterio no hay dudas que es más un texto "para la venta" que de contenido científico), coincido contigo Jacqueline con casi todo lo que expresas. Hay en general en el ámbito psicoanalítico (que mucha gente cree que es "la" psicología ó "la" psicoterapia) una tendencia y una fascinación con lo que mencionas como "jerga incomprensible" -al decir de Van Rillaer, uno de los más fundamentados críticos de esta corriente- que finalmente sólo se entienden entre ellos, ó terminan fascinando a algunos pocos con una comunicación cuasi hipnótica precisamente por lo difícil de comprender de su lenguaje.
Por otro lado, en el comentario de Pablo creo ver -aunque quizás me equivoque- una postura que he percibido en algunos psicoanalistas: refutar toda crítica acusando a quienes la realizan de "medicalizantes" ó "cómplices de la industria farmacéutica", como si las dos única alternativas de tratamiento para los que nos consultan fueran los psicofármacos...ó el psicoanálisis (y aquí regresamos a la homologación de éste con TODA psicoterapia, y el asunto se vuelve circular...)