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Agosto 31, 2007

El libro negro del psicoanálisis

libro negro psa.jpg El libro negro del psicoanálisis: vivir, pensar y estar mejor sin Freud, Catherine Meyer (dir.) - 1ª ed. - Buenos Aires: Sudamericana, 2007.
656p.; 24x17 cm (Ensayo)
Trad.: Sergio Javier Di Nucci
ISBN 950-07-2796-9

Se editó en París en la segunda mitad del 2005 y ocasionó gran turbulencia en los ámbitos "psi" porque intenta sembrar la idea de fiasco de la teoría freudiana. Por supuesto, los "divanistas", consideran a este libro como pro terapias breves/ psicofármacos y solo interpretan de "resistentes" a aquellos que quieren pensar un poco más el cuerpo teórico y sus alcances clínicos.

La obra está realizada con un enfoque interdisciplinario, participan de un análisis crítico e irónico diferentes psicólogos, psiquiatras, historiadores, epistemólogos y filósofos. Comienza así:
"Francia es, con la Argentina, el país más freudiano del mundo. En nuestros dos países es comúnmente aceptado que todos los lapsus son reveladores, que los sueños develan deseos inconfesables y que un terapeuta es forzosamente un psicoanalista. (...) En el resto del planeta, desde hace 30 años, la autoridad del psicoanálisis se ha reducido en forma dramática. (...) ¿Francia y la Argentina serán las únicas en tener razón, contra el resto del mundo?".

Pregunto, se tratará de quién tiene razón? o qué sirve y qué no? o es mejor pensar que la dificultad no está en las teorías sino en quienes las ejercen...sin olvidar cómo, obviamente.
Es claro, como diría un Horacio que ya no está, que los psicoanalistas tienen una posición dominante en la salud mental y que casi todos los alumnos salen de las universidades de psicología con un estado de "fascinación" por la teoría; es más, la mayor parte de las materias son psicoanalíticas y hay muy poco sobre otros modos de abordaje.
Posiblemente, esta fascinación está relacionada, entre tantas otras variables, con "la táctica de la jerga incomprensible" que describe Jacques Van Rillaer, Profesor de Psicología de la Universidad de Louvain-la-Neuve en Bélgica. El lenguaje difícil convierte la teoría en una doctrina irrefutable, mistificable, fuente de satisfacción narcisista y de saber (inalcanzable por cierto). Ese lenguaje enigmático genera curiosidad y lo único que queda por hacer es codificarlo, otorgarle algún sentido o decir "si, entendí todas las fórmulas lacaniananas", dándole lugar al silencio.
Y ahí, donde se silencian las ideas y preguntas, los psicoanalistas, tal vez algunos psicoanalistas, olvidan el vínculo con quien está consultando, olvidan que no hay objetividad posible y que el espacio terapéutico se construye de a dos y no, devolviendo el fardo a los pacientes con preguntas como ¿a usted que le parece?.

Agosto 17, 2007

Las neuronas espejo

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Me encanta el avance de la ciencia. ¿Quien diría que la empatía y el reconocimiento de las intenciones de los otros se iban a encontrar alojadas en el cerebro?
Esta investigación realizada gracias a Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma, quien descubre el sistema de neuronas espejo, hace un gran impacto en la psicología y la teoría de la mente.

Este grupo de neuronas que se encuentra cerca del área de Broca en la circunvolución inferior y la corteza parietal, se activan cuando uno mismo u otras personas realizan acciones o movimientos. El sistema espejo parece brindar un mecanismo para comprender la acción y aprender a través de la imitación, inclusive la disfunción en él, podría ser causa del autismo.
Estas neuronas permiten que nos apropiemos de acciones, sensaciones y emociones de otras personas, nos ponen en el lugar del otro y constituyen el centro de la empatía; de hecho esta capacidad, es la base del comportamiento social. El ser humano está diseñado para contactarse y reaccionar ante los estímulos generados por otras personas, de allí que este sistema, forme la resonancia necesaria que permite captar las intenciones de nuestros congéneres.
Naturalmente intentamos explicar el comportamiento de los demás, atribuimos significados que brinden solidez y continuidad a sus acciones y a nuestros pensamientos. Con esta modalidad, articulamos el complejo asociativo acción-intención.
Los autistas tendrían dificultades para organizar el sistema motor y, en consecuencia, no lograrían desarrollar el sistema de neuronas espejo; es así que, no pueden comprender a los otros porque no relacionan los propios movimientos con los de los demás.
Espero que mis neuronas espejo se sigan activando con los consultantes, a fin de crear el clima, la empatía y el contagio emocional necesarios para seguir trabajando...


Agosto 5, 2007

El diagnostico no es la identidad

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Los psicólogos (y otros profesionales también) nos agarramos fuerte del DSM IV para diagnosticar a las personas que vienen a consultarnos (especialmente cuando lo piden las obras sociales); se cree que con algún rótulo o etiqueta clasificatoria sabremos con certeza como es el sujeto en cuestión y como continuar el tratamiento para que sea efectivo.
Recordamos que las palabras pueden fijar y prescribir la realidad construyéndola como tramposa y engañosa?

Parece que los clientes tuvieran que ajustarse a los indicadores del manual para que, nosotros y ellos, podamos encontrar su identidad y desde allí poder trabajar. Ahora bien, el DSM IV, habla de enfermedad y realiza descripciones con un lenguaje patologizante y dormitivo. En definitiva, desde la óptica del manual, diagnosticar es un proceso de atribución lingüística, ya que la "realidad" surge de un lenguaje a través del consenso de una comunidad científica. Siguiendo a Foucault, los sistemas de conocimiento basados en las prácticas de saber, pueden ser opresivos al transformar a las personas en "sujetos deshumanizados".
Un pensamiento organizador más flexible, implicaría considerar metáforas diagnósticas apoyadas en lo relacional en vez de utilizar categorías. Para evitar la categorización diagnóstica, habría que recurrir a otras expresiones que no estén basadas en la enfermedad y que apunten a reconocer con que recursos cuenta la persona para lograr su bienestar. Creo que es mejor separar lingüísticamente al problema de la identidad de quien consulta (externalización), tantear su realidad y buscar la influencia del problema en su vida porque, el problema no es la persona.
Todos tenemos un conjunto de historias para describirnos, un relato, una autonarración que genera una identidad en la que nos reconocemos; relatamos nuestra experiencia de vida, lo cual determina el significado que le atribuimos a los acontecimientos de la misma. En síntesis, para darle sentido a lo que vicenciamos, organizamos la experiencia en secuencias temporales y obtenemos un cuento coherente y continuo de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
No hay que olvidar que la experiencia es más rica que el discurso y que, tenemos una narración dominante que deja otras posibilidades de lado, modelando así nuestras vidas y relaciones.
En el proceso psicoterapéutico, es viable identificar y generar relatos alternativos que representen nuevos significados, de este modo, se da apertura a caminos diferentes y móviles que no se vuelven pilares rígidos que dejan a la persona estática, gelizada y sin probabilidad de cambio.