
Si entendemos “modelo” como el conjunto de conocimientos y técnicas que conforman el marco teórico conceptual con el cual el terapeuta conoce a quienes solicitan una consulta, entonces elijo un modelo abierto , sistémico , en red y en permanente construcción a través del trabajo de equipo y de la formación continua.
Epistemológicamente hago hincapié en un pensamiento de tipo circular y no lineal, donde puedo ocupar un lugar activo como terapeuta, recolectando datos, aportando información y, en algunas oportunidades, generando entropía o tendencia al caos; prefiero un modelo que trabaje el presente del consultante para que él mismo pueda construirse un futuro mejor apuntando al cambio y sin sobrevalorar el pasado, aunque no por eso le quito valor a lo acontecido en ese pasado.
Trabajo con un modelo cibernético de 2do orden en el cual me convierto en parte de la conformación del sistema vincular terapéutico y por lo cual mis actitudes, pensamientos y sentimientos producen efectos en ese sistema; al mismo tiempo, el o los consultantes también influyen en mi conducta dando paso a lo circular.
La pregunta por mi lugar como terapeuta y mis sentimientos con respecto a quien consulta y sufre, tienen un espacio preponderante y guían la estrategia (planificación a largo plazo) a seguir.
Le doy importancia a las expectativas relacionadas con el trabajo terapéutico, tanto las del consultante como las mías. En el setting terapéutico, junto con el paciente, no generamos un marco estático sino más bien dinámico, porque creamos una ebullición que no permite que nos achanchemos en el vínculo ya que éste se encuentra en movimiento continuo, facilitando la escucha por mi parte y la apertura y ganas de hablar por parte de quien consulta; el trabajo terapéutico espera y fomenta la libertad de interacción.
Puedo mostrar una actitud irreverente e incisiva ya que cuestiono en forma permanente la certeza y creencia en la verdad; de hecho tampoco necesito “casarme con una teoría” sino que me puedo mostrar ecléctica, plástica y con amplitud. Inclusive, me nutro de técnicas que abren la mirada y ayudan a maniobrar en forma táctica (a corto plazo y de modo inmediato) y creativa; es por eso que puedo recurrir al psicodrama, a ejercicios gestálticos o narrativos, puedo provocar, utilizar el humor, connotar positivamente, confrontar, prescribir comportamientos y hablar el lenguaje del paciente además de tener en cuenta una óptica social que sitúa en contexto al consultante.
Me puedo involucrar y adquirir un compromiso con el consultante pero debo evitar confundirme, fusionarme o mezclarme con él, porque este efecto nos entrampa a ambos y también al trabajo durante la sesión, reduciendo notablemente los campos de acción; por eso que busco supervisión observando mi lugar y las vías de solución a los problemas que trae el paciente (sin ánimo de rotularlo).
Establezco un diálogo terapéutico -hablar alivia- donde no hay una posición de poder o superioridad de parte mía, más allá de que clínicamente se observe cierta asimetría, en definitiva me vienen a consultar. La relación se vuelve terapéutica porque generamos mutua influencia. Para lograr esto, necesito acercarme, ponerme en contacto, poner el cuerpo en sesión y reconocer cómo me afecta lo que sucede en el consultorio con esa persona en particular, prestando atención a la resonancia con la cual esculpo el contexto y el contexto me esculpe a mi.
Evidentemente, como terapeutas manifestamos sentimientos, transmitimos empatía y flexibilidad evitando juzgar o condenar las acciones del paciente; podemos contener a través de la palabra y el cuerpo, con un abrazo o agarrando una mano, siempre en un contexto de claridad y calidez. Podemos demostrar con libertad, no necesitamos desarrollar un personaje ficticio y sobreactuado o impedido de preguntar con espontaneidad, curiosidad e ingenuidad, es obvio que aparte de ser terapeutas somos personas y no nos las sabemos todas.
Por lo tanto, en este modelo sistémico, tenemos libertad en cuanto al estilo, ese estilo es personal y varía porque es la forma en que “yo”, en que cada uno de nosotros, aplicamos o implementamos un modelo.
Entonces este tipo de encuadre:
• Tiene en cuenta al contexto en el que se dan las relaciones, las cuales recursivamente se influyen y determinan mutuamente.
• Su objetivo es el cambio, redefiniendo el problema y modificando conductas que afectan la libertad de quien consulta para lo cual diagnostica en forma relacional.
• Intenta pensar generando diferencias, es decir, con creatividad como para poder salir del más de lo mismo.
• Busca que el terapeuta amplíe sus conocimientos a través de la formación y que extienda también su campo vivencial mediante la supervisión.
• Diferencia las interpretaciones de las intervenciones, ya que la primera es una supuesta construcción que el terapeuta hace de lo que le pasa a quien consulta, mientras que la segunda implica preguntas o comentarios que impactan y movilizan en sesión.
• Tiene al modelo como marco para encuadrar y pensar y, al estilo como construcción personal para aplicar ese modelo.
En síntesis, el modelo de trabajo que elijo es complejo, contextual y relacional, apunta no solo a la forma de abordar un paciente o familia sino también a observar al terapeuta y su estar en el vínculo terapéutico; además enfatiza en su estilo personal para conectarse con quien está sufriendo.