
Muchas veces los padres consultan a un terapeuta preocupados porque sus hijos mienten. Preguntan si es esperable que mientan o si en verdad reflejan algún trastorno o problema en particular.
Las mentiras en los niños son comunes hasta determinada edad.
Los niños pequeños suelen mezclar fantasía y realidad pero a partir de los tres o cuatro años comienzan a tener cierta capacidad de diferenciación entre realidad e invención. Cuando alcanzan los seis o siete años ya no deben manifestar este tipo de confusión o mezcla.
Al llegar a la sesión tenemos que intentar hacer una evaluación de la distinción que alcanzan, observando la comprensión que tienen acerca de lo que están diciendo.
Anna Freud diferencia los tipos de mentira de la siguiente manera: inocentes son las que dicen los pequeños cuando todavía no han realizado la completa transición desde el proceso primario al secundario; las fantasiosas son aquellas mentiras para enfrentar una realidad que no toleran y que por lo tanto expresan un deseo, más allá de que puedan ya diferenciar realidad de fantasía y, por último, las delincuentes (demasiado para mi gusto!) que las usan para obtener alguna ventaja, por miedo a la autoridad o para evitar un castigo.
Los niños también pueden mentir para generar una buena impresión en otras personas y de esta manera levantar su autoestima; muchas veces, lo hacen para conseguir algo que desean, para proteger a otros o simplemente porque copian a padres que mienten.
Es recomendable conversar y reflexionar acerca de la importancia de decir la verdad y darles el ejemplo de conductas honestas, elogiando la verdad. Necesitan conocer las reglas (trasmitidas en forma consistente) y saber que si mienten su comportamiento tiene consecuencias. Hay que observar que no obtengan beneficio a través de las mentiras y no hacerles pasar un mal rato delante de otros si los pescaron mintiendo; es bueno no tratar de hacerles "pisar el palito".
Es importante averiguar la o las causas de sus mentiras y a partir de allí buscar la resolución del problema. Si las mentiras persisten y se hacen cada vez más frecuentes podrían existir trastornos del comportamiento. En esa situación se necesitará ayuda profesional.

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