En torno de la cuestión del fundamento de la validez de la razón humana debemos tomar muy en cuenta a la epistemología del italiano Juan Bautista Vico (1688-1744), algo de cuya obra pudo haber llegado a Kant a través de Baumgarten (quien desarrolló en Alemania una filosofía estética semejante a la del epistemólogo italiano). Vico resulta un continuador del humanismo renacentista y conocedor de la filosofía de Platón y San Agustín. Su obra de mayor relevancia es Principios de una ciencia nueva en torno a la común naturaleza de las naciones (1725).
Para Vico "el hombre se hace a sí mismo". A diferencia de Descartes y Locke, Vico no presupone que el sujeto sea un ser racional desde el origen mismo. Por el contrario, su tesis principal (y que hace de Vico un precedente de la Epistemología genética de Piaget) fue que "la única forma de fundar valederamente a la ciencia consiste en investigar, en los hechos mismos, el proceso en que el sujeto llega a ser racional.
A principios del siglo XVIII, escribió su tesis, a la cual llamó De Antiquísima Italorum Sapientia, primer manifiesto constructivista; allí con respecto al mundo real, dijo que “los seres humanos sólo pueden conocer lo que ellos mismos han creado” (p.119).
Uno de los supuestos básicos del constructivismo es que lo que sabemos y creemos es fruto del lenguaje con que comprendemos y transmitimos nuestras percepciones y que, sobre una misma realidad, pueden darse diferentes puntos de vista, todos ellos igualmente válidos.
Al hablar, vamos creando la realidad junto con nuestros interlocutores. Así es como, sobre la base de nuestra biografía, creamos y modificamos nuestra identidad, que retocamos permanentemente en virtud del contexto, de las circunstancias de nuestra interacción y de las características y expectativas de nuestro interlocutor.
Para graficar esto podemos recurrir a esta narración: los americanos cuentan que un día se reunieron tres árbitros de béisbol y empezaron a hablar sobre su trabajo. Uno de ellos decía: "Hay jugadas de éxito y jugadas fallidas, y yo determino lo que es cada cual". Otro decía: " Hay, efectivamente, jugadas de triunfo y de fracaso, y yo sanciono lo que veo que son". Mientras el tercero apuntó: "No existen jugadas de éxito o fracaso, en tanto que yo no las haya sancionado como tales". Evidentemente, el primero que habló pretendía ser objetivo, creía que hay una realidad independiente de su proceso psicológico perceptivo y anterior al mismo. Los otros dos eran constructivistas, el segundo más radical que el primero.
El constructivismo posmoderno considera que el cerebro no es un mero recipiente donde se depositan las informaciones, sino una entidad que construye la experiencia y el conocimiento, los ordena y da forma (este es un planteo netamente kantiano).
El lenguaje adscribe significado a toda conducta, y no digamos, a la enfermedad o al síntoma. Un mismo acto es polisémico (tiene varios significados) por sí mismo, pero, además, es conceptualizado y catalogado de forma muy distinta, según sea el talante del perceptor y las normas sociales vigentes en cada cultura. Por ejemplo, dar un beso, entre otras cosas, puede significar: una muestra de afecto y simpatía; ritual de saludo, vacío de contenido; norma de cortesía obligada; manifestación erótica; provocación y aun acoso, pero un beso cruzado en público, entre personas de diferente sexo, que sea observado por un creyente talibán, puede ser considerado pecado y, por tanto, delito, con las consecuencias pertinentes. Es evidente, que el contexto es parte fundamental en lo que construimos y de hecho, yendo el plano terapéutico, todos estos ingredientes son los que debemos tener en cuenta a la hora de trabajar una reestructuración con un consultante.
El constructivismo intenta ser una manera de enfocar y reflexionar, no una descripción precisa; genera hipótesis y no hace afirmaciones absolutas sino que describe los hechos que experimentamos o vivenciamos. No niega la realidad pero sabe que no hay una absoluta, sugiere una forma de pensar esa realidad y al mundo; nos facilita el análisis de las variables que conforman nuestra realidad, la que construimos a partir de la experiencia. Es por eso que autores como Bateson o Watzslawick se refieren al mapa de representación del mundo, construido por cada persona según sus percepciones y experiencia.
Pareciera que es el primer intento de diferenciar la epistemología de la ontología. La epistemología (estudio de lo que conocemos y cómo conocemos) ha estado relacionada a la idea de que el conocimiento debe ser la representación de un mundo ontológico externo. El constructivismo no se aferra a esta relación y sostiene, para diferenciarse, que el conocimiento tiene que adecuarse a nuestros propósitos y cumplir una función. Por ejemplo, tiene que encajar en el mundo tal como lo vemos, y no en el mundo tal como debería ser.
Percibimos la realidad gracias a nuestras estructuras mentales –patterns-, que nos permiten organizar nuestra experiencia en el tiempo y en el espacio. Antes pensábamos que el mundo exterior era un mundo que existía en sí y cuyo reconocimiento era un reflejo fotográfico correcto, conocer no es una reproducción fiel de una realidad independiente del que conoce. Construir el conocimiento no es encadenar diferentes causas sino realizar el movimiento circular de observar y pensar.
Hoy sabemos que todo conocimiento es una traducción y una reconstrucción; una traducción porque los estímulos que llegan a nuestros ojos van hacia millones de células diferentes, provocando y suscitando mensajes que transmitirán al cerebro mediante el nervio óptico. Dicho de otra manera, la naturaleza del estímulo visual será traducida en un código y todos los códigos que llegan a diferentes regiones del cerebro son mezclados y transformados para darnos una percepción, una representación. De este modo, traducimos y reconstruimos.
Por esto, en psicoterapia, el psicólogo construye a partir de lo que le dice el paciente, siempre es subjetivo y filtra a través de su propio modelo; de hecho, su epistemología favorece a determinar la relación con el paciente que trata.
El constructivismo, innovando en la epistemología, surcó un camino a seguir por algunas corrientes psicológicas entre ellas, la sistémica.

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