Acerca de la complejidad

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Prestando atención a las diferentes soluciones a la problemática planteada por la relación sujeto-objeto, podríamos afirmar que del universo newtoniano, las filosofías cartesiana y kantiana, alcanzaban y sobraban, para legitimar los conceptos que provenían de la mecánica, la óptica o la dinámica. Los clásicos buscaban poner orden al universo, querían controlar el desorden, reduciendo todo a los simple y esencial.
Las aperturas realizadas en la termodinámica y la auto-organización obligan, por su parte, a repensar no sólo la función y la naturaleza, sino el mismo sentido de la actividad filosófica.


Mientras que la ciencia clásica se centraba en el estudio de los elementos que componen la realidad, los estructuralistas miraban las interrelaciones que se establecían entre los elementos que componían dicha realidad. Más allá de ellas o en una forma diferente, la perspectiva sistémica se volvió hacia el contexto, no sólo analizando la estructura sino también la cualidad del sistema estudiado.

Los planteos teóricos actuales generan novedades con respecto a pensar la epistemología, diciendo que lo simple no es la base de reducción de la complejidad a la vez que tampoco debemos reducir lo complejo a lo complicado.

En los últimos tiempos se ha ampliado el uso del término Ciencias de la Complejidad para referirse a todas las disciplinas que hacen uso del enfoque de sistemas. En general, las estas ciencias comparten las siguientes características:

• los grupos interdisciplinarios de investigadores han explorado los aspectos invariantes de la complejidad y los sistemas fuera de las fronteras establecidas entre los distintos campos del saber.

• estudian la estructura (interconexión entre componentes) y su importancia en el comportamiento de los sistemas.

• acentúan el carácter de totalidad o unidad global de los sistemas.

• manejan aspectos no materiales de los sistemas, aquellos que tiene que ver con información, comunicación u organización.

• suelen trabajar con sistemas abiertos, aquellos que intercambian materia, energía o información con el entorno, donde es importante la interacción con el observador.
La teoría de la complejidad (caos), apunta al proceso y no al estado, esto es, se ocupa de explicar los comportamientos en sistemas dinámicos, no lineales.
Pero, ¿qué significa complejo?
El término ‘complejo’ viene del latín “complexus” que se deriva del verbo ‘complector’, que significa abrazar, lo que está tejido en conjunto, entrelazar o envolver. Rápidamente podemos pasar al sentido de contener muchos elementos mutuamente relacionados y, por eso, se le toma luego como lo contrario a lo simple, a lo sencillo, a lo que puede ser observado independientemente de otras cosas.
Hacer una observación de los hechos, tratando de tener en cuenta todas las variables emergentes, implica desarrollar un pensamiento complejo que va a tener por objetivo desafiar al entramado, a la danza de interacciones y a los fenómenos aleatorios de la situación estudiada.
Es con Wiener y Ashby, luego con Von Foerster, precursores de la cibernética de primer y segundo orden, que la complejidad ingresa al escenario científico.
Estos autores giran su mirada y comienzan a interesarse por algunas cuestiones, tales como:

• el concepto de entropía
• la construcción de la realidad
• la autoorganización de los sistemas

1. La cibernética de segundo orden tiene inicio en el análisis de la segunda ley de la termodinámica (se ocupa de la energía y sus transformaciones en los sistemas) realizada por Ilya Prigogine. Esta ley plantea que en un sistema cerrado hay pérdidas constantes de energía que introducen cada vez un mayor desequilibrio, es decir, el sistema entra en estado de entropía, de desorden. Prigogine pasa a considerar que los sistemas vivos son abiertos y que la inestabilidad no los destruye sino que produce un orden nuevo y de mayor nivel de complejidad.

2. La cibernética de primer pertenece a la corriente objetivista que piensa que el conocimiento se refiere a una realidad estable y objetiva independiente de que sea conocida por el hombre. En cambio, la cibernética de segundo orden, considera que el conocimiento no implica una correspondencia con la realidad. En definitiva, tal y como afirma Maturana, “el observador se hace en la observación y cuando el ser humano que es el observador muere, el observador y la observación llega a su fin” (1994, 158). Esta es una perspectiva constructivista, la construcción es el resultado de la autorregulación del sistema.

3. El concepto de autoorganización se basa en reconocer la red como patrón general de la vida, Varela y Maturana denominaron a esto autopoiesis: relaciones entre componentes que deben regenerarse en forma continua para mantener su equilibrio dinámico. En este contexto, los procesos de circularidad ya no se basan sólo en los mecanismos de retroalimentación negativa sino que la retroalimentación positiva muestra cómo, en determinados momentos, la búsqueda del equilibrio conlleva a una mayor desviación y, por ello, el sistema acaba reestructurándose o creando nuevos patrones de funcionamiento. Esto se debe a que los sistemas tienen dos aspectos: la organización marca las relaciones necesarias entre los elementos para que una unidad pueda insertarse en una clase. La estructura otorga la configuración específica de la organización mediante los componentes.
Sintetizando, estas reflexiones incluyen la creación de nuevas estructuras y nuevos modelos de comportamiento que operan lejos de los procesos de equilibrio y, por lo tanto, no siguen procesos lineales. En definitiva, en una situación de mucho desequilibrio aparecen elementos de indeterminación (no predecibles) que introducen un orden y una mayor complejidad. Un sistema humano, un sistema social, no es un sistema en equilibrio. Por el contrario, constantemente se producen perturbaciones, desviaciones que fuerzan a una constante reorganización y ajuste. En este sentido, el orden y el desorden "cooperan" para la organización del sistema. El desorden es necesario para la producción del orden y esta relación dialéctica forma parte de la complejidad de los sistemas.
Los sistemas mantienen su identidad (posibilidad de ser reconocidos) si su organización no se ve alterada; pueden estar estructurados plásticamente y conservar su organización pese a cambios bruscos y graves. En el caso de los sistemas sociales (familia, amigos, trabajo, escuela, etc.) podría pensarse con respecto a la entropía, la denominada tendencia hacia la "homeostasis". En este caso, el sistema en estudio soportará cierto rango de variación en su estructura manteniéndose estable y corrigiendo su finalidad en forma natural (de acuerdo al principio de equifinalidad), pero pasados los rangos soportables por la estructura que forman sus instituciones, el sistema entra en un proceso de cambios profundos de desintegración o de orientación hacia una nueva finalidad. Cuando la comunicación dentro del sistema no opera correctamente o las interacciones actúan de manera destructiva, las fuerzas entrópicas (tendencias hacia el desorden y el caos) superan los límites establecidos por la homeostasis, alterando o haciendo desaparecer al sistema en cuestión.

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Jacqueline Altamirano y publicada el Agosto 14, 2006 1:44 PM.

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