« Julio 2006 | Inicio | Septiembre 2006 »

Agosto 27, 2006

La mente y la escritura

mente.jpg
La escritura es una forma de comunicación viva, cambiante y muy anterior al surgimiento de la psicología como ciencia. Se ha movido desde las piedras y las tablillas de barro a las pantallas, pasando por los pergaminos y los papeles de lino. Los primeros medios de expresión, los pictogramas, brindaron la posibilidad de “decir lo mismo” cada vez que alguien los seguía con la vista; estos sistemas de signos surgidos en la Mesopotamia, Egipto, China y América Precolombina estaban unidos respetando reglas de combinación que permitían la aparición de proposiciones conformadas por sujeto y predicado.

De todos modos, para ser sintéticos, la escritura posee su época de gloria: la reproducida mediante la imprenta de Gutemberg. Autores como McLuhan, nos muestran que en la Edad Media, la lectura se realizaba en formal oral y grupal, mientras que en el Renacimiento, con el libro impreso, comienza la lectura silenciosa e individual. Es así, que al suplantar la escucha por la lectura, se cambia una imagen acústica por una imagen visual y el proceso de autoconciencia comienza a desarrollarse; esto constituye un primer movimiento en el que la cognición redescubre el mundo y la posibilidad de abordarlo.
Llegando a mediados del siglo XIX la ciencia inventa la posibilidad de objetivar la mente, ya no como producto de un cerebro o un espíritu, sino como un complejo de matrices de reconocimiento y estructuración de conductas que tienen lógica propia: es el nacimiento de la psicología.
Así las cosas, comenzamos a vislumbrar una diferencia fundamental: sujeto y objeto, como categorías cognitivas que organizan nuestro conocimiento del mundo. Esta distinción, surge en la Modernidad, momento en el cual, se va ligando la idea de subjetividad a la de conciencia, apuntando al concepto de mente.
Según los escritos de Olson, la idea de mente nace en Grecia, con los poemas de Homero y la filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles.

La construcción de la noción de sujeto marca un vínculo entre la mente o conciencia, facilitada por la escritura, y la manera de acceder al conocimiento del mundo. Una persona conoce porque puede distinguir el objeto de lo que se dice sobre él –diferencia entre cosa y representación- y así, puede desplegar los mecanismos de la cognición: identificar, comparar, analizar o inferir, todos ellos evidentes desde el surgimiento de la escritura. Podemos afirmar que hay una profunda y sólida relación entre sujeto, pensamiento, escritura, conocimiento y acción: la mente para occidente.
Podemos tener en cuenta algunos de los principios que Olson, especialista en tecnología y cultura, enumera en su análisis de la escritura. Él considera que los sistemas gráficos occidentales no solo conservan, amplían, clasifican o combinan la información, sino que también proporcionan un modelo que nos permite, literalmente, ver el mismo hablar, es decir, con el que nos contamos y le contamos a otros el mundo que habitamos y compartimos mentalmente.
En primer lugar, gracias a la escritura se hicieron conscientes actos de la lengua oral, que se convirtieron en objetos de reflexión, con lo cual, la escritura, proporcionó las categorías necesarias para pensar el lenguaje.
En segundo lugar, la escritura no puede volver conscientes “todos” los aspectos de lo dicho, lo que se pierde en lo escrito es lo más difícil de recuperar en la lectura: cómo se dijo o cómo interpretar una expresión determinada, si es estricta o precisa, literal o metafórica, orden o sugerencia, etc.
En tercer lugar, es muy complicado hacer consciente lo que la escritura no representa; si bien los signos de puntuación pueden ayudarnos no hay una indicación de cómo leer lo escrito. El alfabeto representa lo dicho pero no la actitud del sujeto parlante o lo que deseó significar; es aquí donde establece una diferencia entre el acto ilocucionario –decir algo- y la fuerza ilocucionaria –pretender algo al decirlo-.
En cuarto lugar, la escritura no existe simplemente para ponerse al servicio del habla, sino que es una potencia expresiva que suministra la conciencia de la estructura del habla; de este modo, ambas se complementan.
Por último, cuando se reconoce la fuerza ilocucionaria de un texto, como la expresión de una intencionalidad singular y privada, el modo en que debe tomarse proporciona los conceptos necesarios para la representación de la mente.
Al escribir, los psicólogos, profesionales del sentido, podemos contar con debilidades y fortalezas, cosas que hacemos bien y cosas que no hacemos bien. Si bien estamos formados por la escritura en el campo universitario, paradójicamente, podemos sostener que uno de nuestros puntos fuertes es el dominio del habla, que desarrollamos en el campo práctico del consultorio, justamente porque constituye nuestra herramienta de trabajo por excelencia; desde ya no podemos desmerecer la importancia de nuestras actitudes, posiciones corporales y experiencia personal, que tienen un rol importante dentro del vínculo terapeútico.
La ciencia es definida por ser escritural y la misma suerte corre la psicología; sin embargo, contamos con la ventaja de tener un pie en lo escritural y otro en la oralidad y poseemos, como una de las herramientas de trabajo, una teoría de la mente. Pero ¿cómo llegamos a ella? La alcanzamos en la medida en que nos subjetivamos, en el momento en que podemos pensarnos a nosotros mismos y tomarnos como objeto de estudio. Todo esto se debe al impacto que produce el alfabeto en nuestra cultura, ya que se vuelve matriz del pensamiento; es decir, la escritura se convierte en un modelo para el habla.

Agosto 22, 2006

Acerca de la complejidad

complejidad1.jpg
Prestando atención a las diferentes soluciones a la problemática planteada por la relación sujeto-objeto, podríamos afirmar que del universo newtoniano, las filosofías cartesiana y kantiana, alcanzaban y sobraban, para legitimar los conceptos que provenían de la mecánica, la óptica o la dinámica. Los clásicos buscaban poner orden al universo, querían controlar el desorden, reduciendo todo a los simple y esencial.
Las aperturas realizadas en la termodinámica y la auto-organización obligan, por su parte, a repensar no sólo la función y la naturaleza, sino el mismo sentido de la actividad filosófica.

Mientras que la ciencia clásica se centraba en el estudio de los elementos que componen la realidad, los estructuralistas miraban las interrelaciones que se establecían entre los elementos que componían dicha realidad. Más allá de ellas o en una forma diferente, la perspectiva sistémica se volvió hacia el contexto, no sólo analizando la estructura sino también la cualidad del sistema estudiado.
Los planteos teóricos actuales generan novedades con respecto a pensar la epistemología, diciendo que lo simple no es la base de reducción de la complejidad a la vez que tampoco debemos reducir lo complejo a lo complicado.
En los últimos tiempos se ha ampliado el uso del término Ciencias de la Complejidad para referirse a todas las disciplinas que hacen uso del enfoque de sistemas. En general, las estas ciencias comparten las siguientes características:

• los grupos interdisciplinarios de investigadores han explorado los aspectos invariantes de la complejidad y los sistemas fuera de las fronteras establecidas entre los distintos campos del saber.

• estudian la estructura (interconexión entre componentes) y su importancia en el comportamiento de los sistemas.

• acentúan el carácter de totalidad o unidad global de los sistemas.

• manejan aspectos no materiales de los sistemas, aquellos que tiene que ver con información, comunicación u organización.

• suelen trabajar con sistemas abiertos, aquellos que intercambian materia, energía o información con el entorno, donde es importante la interacción con el observador.
La teoría de la complejidad (caos), apunta al proceso y no al estado, esto es, se ocupa de explicar los comportamientos en sistemas dinámicos, no lineales.
Pero, ¿qué significa complejo?
El término ‘complejo’ viene del latín “complexus” que se deriva del verbo ‘complector’, que significa abrazar, lo que está tejido en conjunto, entrelazar o envolver. Rápidamente podemos pasar al sentido de contener muchos elementos mutuamente relacionados y, por eso, se le toma luego como lo contrario a lo simple, a lo sencillo, a lo que puede ser observado independientemente de otras cosas.
Hacer una observación de los hechos, tratando de tener en cuenta todas las variables emergentes, implica desarrollar un pensamiento complejo que va a tener por objetivo desafiar al entramado, a la danza de interacciones y a los fenómenos aleatorios de la situación estudiada.
Es con Wiener y Ashby, luego con Von Foerster, precursores de la cibernética de primer y segundo orden, que la complejidad ingresa al escenario científico.
Estos autores giran su mirada y comienzan a interesarse por algunas cuestiones, tales como:

• el concepto de entropía
• la construcción de la realidad
• la autoorganización de los sistemas

1. La cibernética de segundo orden tiene inicio en el análisis de la segunda ley de la termodinámica (se ocupa de la energía y sus transformaciones en los sistemas) realizada por Ilya Prigogine. Esta ley plantea que en un sistema cerrado hay pérdidas constantes de energía que introducen cada vez un mayor desequilibrio, es decir, el sistema entra en estado de entropía, de desorden. Prigogine pasa a considerar que los sistemas vivos son abiertos y que la inestabilidad no los destruye sino que produce un orden nuevo y de mayor nivel de complejidad.

2. La cibernética de primer pertenece a la corriente objetivista que piensa que el conocimiento se refiere a una realidad estable y objetiva independiente de que sea conocida por el hombre. En cambio, la cibernética de segundo orden, considera que el conocimiento no implica una correspondencia con la realidad. En definitiva, tal y como afirma Maturana, “el observador se hace en la observación y cuando el ser humano que es el observador muere, el observador y la observación llega a su fin” (1994, 158). Esta es una perspectiva constructivista, la construcción es el resultado de la autorregulación del sistema.

3. El concepto de autoorganización se basa en reconocer la red como patrón general de la vida, Varela y Maturana denominaron a esto autopoiesis: relaciones entre componentes que deben regenerarse en forma continua para mantener su equilibrio dinámico. En este contexto, los procesos de circularidad ya no se basan sólo en los mecanismos de retroalimentación negativa sino que la retroalimentación positiva muestra cómo, en determinados momentos, la búsqueda del equilibrio conlleva a una mayor desviación y, por ello, el sistema acaba reestructurándose o creando nuevos patrones de funcionamiento. Esto se debe a que los sistemas tienen dos aspectos: la organización marca las relaciones necesarias entre los elementos para que una unidad pueda insertarse en una clase. La estructura otorga la configuración específica de la organización mediante los componentes.
Sintetizando, estas reflexiones incluyen la creación de nuevas estructuras y nuevos modelos de comportamiento que operan lejos de los procesos de equilibrio y, por lo tanto, no siguen procesos lineales. En definitiva, en una situación de mucho desequilibrio aparecen elementos de indeterminación (no predecibles) que introducen un orden y una mayor complejidad. Un sistema humano, un sistema social, no es un sistema en equilibrio. Por el contrario, constantemente se producen perturbaciones, desviaciones que fuerzan a una constante reorganización y ajuste. En este sentido, el orden y el desorden "cooperan" para la organización del sistema. El desorden es necesario para la producción del orden y esta relación dialéctica forma parte de la complejidad de los sistemas.
Los sistemas mantienen su identidad (posibilidad de ser reconocidos) si su organización no se ve alterada; pueden estar estructurados plásticamente y conservar su organización pese a cambios bruscos y graves. En el caso de los sistemas sociales (familia, amigos, trabajo, escuela, etc.) podría pensarse con respecto a la entropía, la denominada tendencia hacia la "homeostasis". En este caso, el sistema en estudio soportará cierto rango de variación en su estructura manteniéndose estable y corrigiendo su finalidad en forma natural (de acuerdo al principio de equifinalidad), pero pasados los rangos soportables por la estructura que forman sus instituciones, el sistema entra en un proceso de cambios profundos de desintegración o de orientación hacia una nueva finalidad. Cuando la comunicación dentro del sistema no opera correctamente o las interacciones actúan de manera destructiva, las fuerzas entrópicas (tendencias hacia el desorden y el caos) superan los límites establecidos por la homeostasis, alterando o haciendo desaparecer al sistema en cuestión.

Agosto 14, 2006

El constructivismo y la psicoterapia

escher.jpg
En torno de la cuestión del fundamento de la validez de la razón humana debemos tomar muy en cuenta a la epistemología del italiano Juan Bautista Vico (1688-1744), algo de cuya obra pudo haber llegado a Kant a través de Baumgarten (quien desarrolló en Alemania una filosofía estética semejante a la del epistemólogo italiano). Vico resulta un continuador del humanismo renacentista y conocedor de la filosofía de Platón y San Agustín. Su obra de mayor relevancia es Principios de una ciencia nueva en torno a la común naturaleza de las naciones (1725).
Para Vico "el hombre se hace a sí mismo". A diferencia de Descartes y Locke, Vico no presupone que el sujeto sea un ser racional desde el origen mismo. Por el contrario, su tesis principal (y que hace de Vico un precedente de la Epistemología genética de Piaget) fue que "la única forma de fundar valederamente a la ciencia consiste en investigar, en los hechos mismos, el proceso en que el sujeto llega a ser racional.
A principios del siglo XVIII, escribió su tesis, a la cual llamó De Antiquísima Italorum Sapientia, primer manifiesto constructivista; allí con respecto al mundo real, dijo que “los seres humanos sólo pueden conocer lo que ellos mismos han creado” (p.119).

Uno de los supuestos básicos del constructivismo es que lo que sabemos y creemos es fruto del lenguaje con que comprendemos y transmitimos nuestras percepciones y que, sobre una misma realidad, pueden darse diferentes puntos de vista, todos ellos igualmente válidos.
Al hablar, vamos creando la realidad junto con nuestros interlocutores. Así es como, sobre la base de nuestra biografía, creamos y modificamos nuestra identidad, que retocamos permanentemente en virtud del contexto, de las circunstancias de nuestra interacción y de las características y expectativas de nuestro interlocutor.
Para graficar esto podemos recurrir a esta narración: los americanos cuentan que un día se reunieron tres árbitros de béisbol y empezaron a hablar sobre su trabajo. Uno de ellos decía: "Hay jugadas de éxito y jugadas fallidas, y yo determino lo que es cada cual". Otro decía: " Hay, efectivamente, jugadas de triunfo y de fracaso, y yo sanciono lo que veo que son". Mientras el tercero apuntó: "No existen jugadas de éxito o fracaso, en tanto que yo no las haya sancionado como tales". Evidentemente, el primero que habló pretendía ser objetivo, creía que hay una realidad independiente de su proceso psicológico perceptivo y anterior al mismo. Los otros dos eran constructivistas, el segundo más radical que el primero.
El constructivismo posmoderno considera que el cerebro no es un mero recipiente donde se depositan las informaciones, sino una entidad que construye la experiencia y el conocimiento, los ordena y da forma (este es un planteo netamente kantiano).
El lenguaje adscribe significado a toda conducta, y no digamos, a la enfermedad o al síntoma. Un mismo acto es polisémico (tiene varios significados) por sí mismo, pero, además, es conceptualizado y catalogado de forma muy distinta, según sea el talante del perceptor y las normas sociales vigentes en cada cultura. Por ejemplo, dar un beso, entre otras cosas, puede significar: una muestra de afecto y simpatía; ritual de saludo, vacío de contenido; norma de cortesía obligada; manifestación erótica; provocación y aun acoso, pero un beso cruzado en público, entre personas de diferente sexo, que sea observado por un creyente talibán, puede ser considerado pecado y, por tanto, delito, con las consecuencias pertinentes. Es evidente, que el contexto es parte fundamental en lo que construimos y de hecho, yendo el plano terapéutico, todos estos ingredientes son los que debemos tener en cuenta a la hora de trabajar una reestructuración con un consultante.

El constructivismo intenta ser una manera de enfocar y reflexionar, no una descripción precisa; genera hipótesis y no hace afirmaciones absolutas sino que describe los hechos que experimentamos o vivenciamos. No niega la realidad pero sabe que no hay una absoluta, sugiere una forma de pensar esa realidad y al mundo; nos facilita el análisis de las variables que conforman nuestra realidad, la que construimos a partir de la experiencia. Es por eso que autores como Bateson o Watzslawick se refieren al mapa de representación del mundo, construido por cada persona según sus percepciones y experiencia.
Pareciera que es el primer intento de diferenciar la epistemología de la ontología. La epistemología (estudio de lo que conocemos y cómo conocemos) ha estado relacionada a la idea de que el conocimiento debe ser la representación de un mundo ontológico externo. El constructivismo no se aferra a esta relación y sostiene, para diferenciarse, que el conocimiento tiene que adecuarse a nuestros propósitos y cumplir una función. Por ejemplo, tiene que encajar en el mundo tal como lo vemos, y no en el mundo tal como debería ser.
Percibimos la realidad gracias a nuestras estructuras mentales –patterns-, que nos permiten organizar nuestra experiencia en el tiempo y en el espacio. Antes pensábamos que el mundo exterior era un mundo que existía en sí y cuyo reconocimiento era un reflejo fotográfico correcto, conocer no es una reproducción fiel de una realidad independiente del que conoce. Construir el conocimiento no es encadenar diferentes causas sino realizar el movimiento circular de observar y pensar.
Hoy sabemos que todo conocimiento es una traducción y una reconstrucción; una traducción porque los estímulos que llegan a nuestros ojos van hacia millones de células diferentes, provocando y suscitando mensajes que transmitirán al cerebro mediante el nervio óptico. Dicho de otra manera, la naturaleza del estímulo visual será traducida en un código y todos los códigos que llegan a diferentes regiones del cerebro son mezclados y transformados para darnos una percepción, una representación. De este modo, traducimos y reconstruimos.
Por esto, en psicoterapia, el psicólogo construye a partir de lo que le dice el paciente, siempre es subjetivo y filtra a través de su propio modelo; de hecho, su epistemología favorece a determinar la relación con el paciente que trata.
El constructivismo, innovando en la epistemología, surcó un camino a seguir por algunas corrientes psicológicas entre ellas, la sistémica.

Agosto 6, 2006

Luego del Congreso

El congreso latinoamericano contó con la presencia de gente importante que le ha dado una vasta producción al psicodiagnóstico, por supuesto que desde diferentes perspectivas. Entre ellos : Etel Kacero, Marta Guberman, Angélica Zdunic (Argentina), Anne Andronicoff (Francia) y Thomas Shaffer (USA).
La organización estuvo bastante buena, considero que podría haber sido mejor, pero se obtuvo un lugar de encuentro y de intercambio científico en el marco de un clima de amabilidad y camaradería.

Los trabajos presentados tuvieron diferentes estilos, algunos de marcado bagaje teórico conceptual, otros fueron más estadísticos y por último aparecieron aquellos basados en casuísticas.
En líneas generales todos fueron muy interesantes y se observó muy buen nivel de articulación e ideas creativas.